Casi todos los talleres que empiezan a presupuestar corte láser cometen el mismo error: calcular el precio como si fuera metros de corte × precio por metro. Es rápido, es cómodo… y es la razón por la que muchos pierden dinero en las piezas pequeñas y regalan margen en las grandes.

Un precio de corte láser tiene cuatro patas

Si quieres que el número de tu presupuesto se parezca a lo que de verdad te cuesta fabricar, tienes que sumar cuatro cosas distintas:

1. El material que realmente consumes

No es el área de la pieza: es el trozo de chapa que se queda inservible. Una pieza en forma de L de 300×300 mm no consume 9 dm², consume lo que ocupa dentro del anidado, más el retal que ya no puedes aprovechar. Por eso el nesting no es un lujo estético: es lo que separa un precio real de una estimación optimista.

2. El tiempo de máquina, con su cinemática

El error clásico es dividir el perímetro entre la velocidad nominal del catálogo. Esa velocidad solo se alcanza en tramos rectos y largos. En la realidad hay que contar:

  • Aceleraciones y frenados en cada cambio de dirección.
  • Reducción en radios pequeños: un agujero de 5 mm no se corta a la misma velocidad que una recta de 2 metros.
  • Perforación inicial (piercing): cada contorno cerrado empieza con una perforación que puede tardar más que el propio corte en piezas con muchos agujeros.
  • Entradas y salidas (lead-in / lead-out) y el movimiento en vacío entre contornos.

En una pieza con 40 agujeros pequeños, el tiempo de piercing puede ser la mitad del total. Si tu precio no lo cuenta, estás fabricando gratis.

3. Lo que pasa antes y después de la máquina

Preparar el fichero, hacer el nesting, cargar la chapa, retirar el esqueleto, separar las piezas, revisarlas y embalarlas. Es tiempo de persona, y no aparece en ningún parámetro de la máquina. Un pedido de 3 piezas y uno de 300 tienen un coste de preparación casi idéntico: por eso las series cortas deben llevar un mínimo.

4. Las operaciones que no hace el láser

Plegado, roscado, avellanado, insertos, pintura, galvanizado. Cada una con su propia lógica de precio: el plegado no se cobra por metro, se cobra por número de plegados y por lo incómoda que sea la pieza de manipular.

La prueba del algodón

Coge una pieza que ya hayas fabricado y hazte tres preguntas:

  1. ¿Cuánto material se quedó en el retal, y quién lo pagó?
  2. ¿Cuánto tardó la máquina de verdad, contando perforaciones?
  3. ¿Cuántos minutos de persona hubo antes y después del corte?

Si no sabes responder a alguna, ahí es donde se te está escapando el margen.

Automatizarlo cambia la conversación

Cuando el cálculo está bien montado, presupuestar deja de ser una discusión interna y pasa a ser un trámite de segundos. Y lo más importante: puedes bajar el precio cuando sabes que puedes, en vez de por intuición.